La investigadora villarcayesa Rosario Martínez ha transcrito este documento que recoge un robo en Sotoscueva sucedido en 1793. Recogemos en estas páginas aquel asunto dividido en varios capítulos.
Y os animamos a que ayudéis a reconocer a las personas y los lugares. sotoscoba@gmail.com
Lo vamos a ir subiendo en varios capítulos:
1.-INTRODUCCIÓN.
3.- COMIENZA LA INVESTIGACIÓN
4.- A LA BUSCA DE LA CUADRILLA DEL MANCO
5.- A POR ELLOS, LOS TENEMOS RODEADOS
Nos situamos en el llamado siglo de la Ilustración. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, era un decir, España se encontraba subyugada por el absolutismo borbónico. La España de 1750 tuvo cierto dinamismo por las reformas borbónicas, después del estancamiento del siglo anterior, a la par de un crecimiento demográfico y un tímido despegue industrial. Todo ello en una sociedad reflejo del Antiguo Régimen en la que las continuas guerras (en aquel momento contra Francia, la guerra de la convención) acababan por empobrecer… a los pobres..
Comenzamos recogiendo un de los documentos que componen el expediente que ha recuperado Rosario Martínez se encuentre este que lo adelantamos aquí para ilustrar la época de inseguridad que se vivía en el País.
CUENTA EN CORREGIDOR DE LAS MERINDADES RAMÓN FIGUEROA.
Ramón Gundín Figueroa y Sotomayor, vuestro Corregidor y Capitán de Guerra de las merindades de Castilla la Vieja, sus valles y agregados.
Con el debido acatamiento y celoso de la tranquilidad
pública, expone que, desde que la tropa establecida en esta capital y
Merindades para la persecución de ladrones y contrabandistas se retiró a
su regimiento con motivo de las actuales ocurrencias contra Francia, ha
sido tal el desenfreno de unos y otros malhechores que apenas hay voces para
significarlo. Apenas hay día o semana en que no se oigan insultos y robos
ejecutados por cuadrillas de 12, 15, 20 y 30 hombres que, montados en
caballos con trabucos, naranjeros, escopetas, pistolas y otras armas prohibidas
y ofensivas, a la sombra del contrabando, entran en los pueblos, allanan sus
casas, roban lo que encuentran y quieren, y ofenden con inhumanidad sin
perdonar ni a los ministros del altar.
Prescindiendo de varios robos y
atropellos con seculares y eclesiásticos, ultrajando las personas de estos —que
sería largo referir a Vuestra Merced—, baste poner en su alta consideración
que, en los últimos días del invierno próximo pasado, se presentaron a las cuatro
de la tarde en el lugar de Bercedo de esta jurisdicción 15 hombres
montados y cargados de armas, con tabaco y otros géneros prohibidos. Insultaron
a los dependientes de rentas de aquel resguardo con un vivo fuego a las puertas
y ventanas, queriendo quemar el pueblo. De aquella acción resultaron las
muertes de un dependiente y de otro contrabandista.
No contentos con esto, a muy poca distancia cometieron la atrocidad de robar,
asesinar, arrastrar y pisar con los caballos a un pobre trajinero, solo por sospechar
que había dado cuenta de su paso. Al ventero de Mambliga, (de Losa)
también de esta jurisdicción, tres días después de haberle robado cuanto tenía,
le machacaron sus partes púdicas, de lo que y de los golpes que recibió estuvo
casi a la muerte.
No puede llegar a más la insolencia de estos hombres.
Haber pasado el número de 15 por esta capital (Villarcayo) hace mes y
medio, a las seis de la tarde, tomando las bocacalles de la plaza con
diferentes trabucos hasta que pasaron otros tantos caballos cargados de géneros
y armas, fue una imprevista acción que el corto número de vecinos —que apenas
llegan a 70 de ambas clases y estados— no dio lugar a contrarrestar ni
perseguir, por falta de armas y de resolución del paisanaje.
Hace 15 días, otra cuadrilla de más de 20 hombres, montados y armados, después
de haber hecho alto a legua y media de aquí durante dos días y pasado deshora
de la noche por esta capital, se internaron en tierra de Campoo, donde,
según voces públicas, asaltaron y robaron el monasterio de monjas bernardas de
San Andrés de Arroyo. Aduce este corregimiento que no se sabe si su
maledicencia habrá propasado a insultar sus personas, lo cual no es difícil de
creer.
El día 5 del corriente, entre las cuatro y cinco de la tarde, otra cuadrilla de
12 hombres, montados y armados de igual clase, con su capitán y de los mismos,
según sospechas, allanó la casa del vicario de la Merindad de Sotoscueva,
una de las de esta capital, y las de dos sobrinos indianos de otro pueblo
inmediato, robando a los tres cerca de 4.500 ducados. Rompieron y destrozaron
para ello puertas, tabiques y papeleras. Tomaron las campanas de la iglesia, y
fueron vistos en aquel día al paso de otros pueblos con vestidos de monjes
bernardos y de clérigos.
Este corregimiento, el más antiguo,
donde han administrado justicia los primeros jueces de Castilla, consta de 14
leguas de longitud y más de 9 de latitud, todo montuoso y casi rayano con
Vizcaya. Aunque pasa de 190 pueblos de jurisdicción sujetos a la capital,
apenas hay quien, receloso de tanta insolencia, se atreva a enfrentarse con
semejantes cuadrillas, menos aún las cortas partidas de los regidores, ni
siquiera para dar parte, por no ser víctima de sus atrocidades.
Las requisitorias cruzan de unas a otras
partes, pero su circulación es infructuosa, acaso por causa o igual. Así, los
delitos quedan sin castigo, los delincuentes con rienda suelta, y los vasallos,
después de quitarles su hacienda, expuestos a perder la vida.
Estos malhechores se han apoderado de
pueblos, caminos y de estas montañas inmediatas a Bilbao, donde hacen sus
cargas y por donde se internan a tierra de Campos y demás pueblos de Castilla. Abundan
y abusan de los piadosos indultos de Vuestra Majestad y, sin embargo de las
rigurosas órdenes de vuestra Real Sala del Crimen de Valladolid y de las
estrechas providencias del exponente, nada temen ni se detienen para robar,
defraudar la Real Hacienda, ofender e insultar con horror.
Por tanto, señor, clama el exponente con estas merindades y demás pueblos y
valles de su circunferencia a la real protección de Vuestra Majestad, para que,
mirando con indignación iguales atrocidades, se digne permitir que a estas
cuadrillas se les persiga de muerte como enemigos de la religión, del
estado y de la seguridad pública. Ramón Figueroa
En ese contexto de inseguridad que afectaba a toda España, se produce el robo en Sotoscueva, para este comienzo utilizamos el escrito de el párroco indiano de Villbáscones, que fue uno de los afectados del robo. Hoy en la torre exterior podemos ver un reloj de sol que incluye la fecha "AÑO / DE 1775" y bajo el frontón lleva grabado el nombre "D. JVAN MARZ. / PEÑA. Juan Martínez de la Peña, el cura a quien pertenecía el nombre grabado en el reloj, fue enterrado en la propia iglesia de Villabáscones y dejó su nombre grabado en la tumba al pie del altar mayor, bajo una lápida que dice: AQUI YACE EL SR BR DN JVAN FRNZ DE LA PEÑA CURA Y BECARIO DESTE DE MONTIJA SINGULAR BIENHECHOR DESTA IGLESIA Y BENEFICIO LA DEJA DOTADA PARA SU CASA. ROGAD A DIOS POR EL. AÑO DE 1786. En el anexo final os daréis cuenta de la fortuna que poseía este señor. No os preocupéis por lo de Montija, es el arciprestazgo al que pertenecen Montija, Espinosa y Sotoscueva.
Por cierto ¿Cuál sería su casa en Villabáscones, la que asaltarían? ¿La que se sitúa junto a la iglesia de san Esteban?
EL ASALTO EN VILLABÁSCONES Y QUISICEDO DE SEPTIEMBRE DE 1793
5 DE SEPTIEMBRE DE 1793
Escribía Juan Martínez Peña, Vicario de Espinosa de los Monteros y su partido, que el 5 de septiembre de 1793 a las 3 de las tres de la tarde, se dejaron ver en este Valle de Sotoscueva hombres disfrazados y montados a caballo. Algunos iban vestidos como frailes bernardos y otros con ropas de coro y monteras de dos jotas, llevando dos machos cargados, al parecer, de contrabando.
Habiendo llegado al mesón del lugar de Quisicedo, se cambiaron de vestimenta, todos poniéndose pana negra, salvo uno que llevaba pana azul. Sobre sus ropas, portaban charpas con cuatro trabucos naranjeros, un puñal o cuchillo y una escopeta larga.
En estos términos, prorrumpieron en insolencias contra Dios Sacramentado, diciendo que no sabía lo que hacía, que a unos daba muchos doblones y a otros nada, que debíamos ser todos iguales y los bienes comunes.
Desde el mesón, partieron hacia la casa de un indiano llamado Don Simón Ruiz Zorrilla, a quien agredieron junto a su padre. Le exigieron que entregase el dinero bajo amenaza de muerte, logrando que les diera 852 reales en oro. No conformes con la cantidad, le dispararon dos veces en el pecho, insultándole con expresiones indecorosas, y le instaron a revelar más dinero. Él respondió que su dinero estaba girado en el comercio y les rogó que no le mataran, ofreciéndoles su vajilla de plata y otras alhajas. Ellos respondieron que no querían plata labrada, llamándole “indiano de mierda”.
Inmediatamente, tres de ellos fueron a Villabáscones, al domicilio del vicario indiano, y al no encontrarle, violentaron las puertas, abrieron los baúles y navetas, y se llevaron aproximadamente 23.000 reales en efectivo de plata y oro, una escopeta valorada en 20 doblones y otras alhajas.
Aunque se tocaron las campanas a rebato y se reunieron los vecinos, nada pudieron hacer por la cantidad de armas de fuego que portaban los malhechores.
Luego, regresaron a Quisicedo, donde violentaron la casa de otro indiano, Julián Gómez Zorrilla. En su ausencia, forzaron puertas, cofres, papeleras y un bufete, llevándose 2000 ducados en oro y plata sellada, una muestra, una escopeta, una caja de pólvora, una docena de pares de medias, camisolas, pañuelos, un mazo de cordones y un recado de barba. Salieron diciendo que más dejaban que llevaban.
Posteriormente, se unieron otros nueve hombres emboscados y todos tomaron rumbo hacia Vizcaya.
Asimismo, - terminaba Juan Martínez Peña- me permito informar del estado deplorable en que me han dejado tras este robo, y solicito humildemente a Vuestra Excelencia que, en atención a mis cuarenta años como cura en América y España, se sirva otorgarme una cátedra en alguna de las catedrales cercanas o alguna renta eclesiástica acorde. Quedo profundamente agradecido y siempre rogando al Todopoderoso guarde la importante vida de Vuestra Excelencia durante los muchos años que necesita esta Monarquía Católica.
CONTEXTUALIZANDO
Aquel era un tiempo de guerras, la espiral de violencia. El siglo XVIII y XIX estuvieron repleto de conflictos. Comenzó con la guerra se sucesión de 1702 a 1714 que trajo a los Borbones, Guerra de la Convención (1793-1795) contra la Francia revolucionaria, la guerra con Portugal en 1801, la guerra de (una guerra civil) la independencia en 1814, la guerra contra la constitución en 1822 y las tres guerras carlistas desde 1833 hasta finales de siglo. Obviamos multitud de pequeñas guerras.
La más cercana a los hechos acaecidos en Sotoscueva que recogemos es la Guerra de la Convención (1793-1795). El estallido de la Revolución francesa en mayo de 1789 provocó conmoción en España. El gobierno español de Floridablanca adoptó una política abiertamente hostil al nuevo régimen francés. Aprobó, además, una serie de decretos dirigidos a evitar el contagio revolucionario en todos los territorios españoles, militarizando las fronteras, aumentando la censura y restableciendo la alicaída Inquisición. Carlos IV consideraba el proceso revolucionario francés una amenaza no solo para los Borbones, sino también para España. Recordar que el el rey francés que perdió la cabeza era su primo.
Se nos ha contado a menudo las guerras como gestas, pero realmente son calamidades: el pillaje y la movilización militar devastaron comarcas enteras, provocando episodios de hambruna y mendicidad que agravaron la desigualdad social, Los combates, la destrucción de cosechas, el hambre y las epidemias derivadas de la guerra provocaron un severo estancamiento poblacional. El esfuerzo bélico y el mantenimiento del ejército recayó en los sectores populares mediante impuestos.
La economía española en 1793 atravesaba una fase crítica marcada por el inicio de una inestabilidad estructural, impulsada principalmente por su entrada en la Guerra de la Convención (1793-1795) contra la Francia revolucionaria. Este conflicto no solo supuso un gran gasto militar, sino que marcó el comienzo de una crisis financiera que se prolongaría hasta el siglo XIX. El aumento de los costes bélicos desequilibró la hacienda metropolitana, obligando a aumentar la presión fiscal.
El déficit y endeudamiento de la Hacienda Real consecuencia del gran incremento del gasto que supuso la guerra de la Convención (1793-1795) provocará la primera desamortización en España, la de Godoy en septiembre de 1798. Los bienes desamortizados fueron los pertenecientes a los Colegios Mayores, los de los jesuitas que no se hubieran vendido tras su expulsión treinta años antes y los de las instituciones benéficas de la Iglesia.
Las guerras hundían la economía que se dedicaba al esfuerzo bélico, trayendo consigo hambre y miseria para el pueblo, junto con ello la posterior desmovilización de las tropas hacía surgir cuadrillas de antiguos combatientes dedicadas a las tropelías.
Además de las guerras, existía una violencia menor consecuencia de la crisis económica y cuyos protagonistas eran malhechores, individuos o cuadrillas. Este tipo de protagonistas maleantes se han celebrado como héroes nacionales… Curro Jiménez, por ejemplo, cuando esos malhechores pícaros luchaban contra la desigualdad o los privilegios. Robar a los ricos para dar a los pobres.
Este tipo de asalto de cuadrillas que vamos a relatar llegará hasta comienzos del siglo XX. Y será muy común en toda la Península.
SOBRE VALORES DE LAS MONEDAS
El montante de lo robado fue en Quisicedo a Simón Ruiz Zorrilla 852 reales en oro, a Julián Gómez Zorrilla. 2000 ducados en oro y plata; en Villabáscones a Juan Martínez Peña. 23.000 reales en efectivo de plata y oro y una escopeta valorada en 20 doblones.
Las monedas circulantes en 1793, durante el reinado de Carlos IV se basaban en el real de plata y el escudo de oro, junto con el cobre para valores menores (maravedíes).
Monedas de Plata (Real de a 8 y fracciones) Eran la base de la economía
· 8 Reales: La moneda fuerte conocida como " duro" o "dólar español".
· 4 Reales: Conocida como "tostón
· 2 Reales, 1 Real y 1/2 Real: Monedas de plata fraccionaria para el comercio diario. Las monedas de 2 reales empezaban a conocerse como "pesetas".
· 1 Real de plata valía 2,5 Reales de Vellón. también valía 34 maravedís.
Monedas de Oro (Escudos)
· 8 Escudos: La moneda de oro de mayor denominación (llamada "doblón"), usada para transacciones de alto valor.
· 4, 2 y 1 Escudo: 1 Escudo de Oro: Equivalía a 20 reales de plata. 1 doblón (8 escudos): Unidad de oro de alto valor, equivalente a 160 o 320 reales
Monedas de Cobre (Maravedíes)
4 maravedíes: Muy comunes
En el caso del S.XVIII, las cifras importantes, se expresaban en DUCADOS. El Ducado no era una moneda en sí, sólo era una equivalencia (moneda de cuenta): 375 maravedís (equivalía a 11 reales de plata y 1 maravedí).
En 1793, España vivió un periodo de alta carestía y precios elevados del pan, caracterizado por una fuerte intervención de las autoridades para evitar el desabastecimiento, reflejando una crisis de subsistencia. Los precios del pan aumentaron drásticamente, marcando una crisis constante entre 1793 y 1798. Los ayuntamientos establecían tasas y obligaban a los panaderos a producir ciertas cantidades de pan por fanega de trigo, por ejemplo, 46-48 panes por fanega.
Precios y Tasas del Pan en 1793 (Ejemplos): Febrero 1793: se ordena vender el pan a 1 real (aprox. 0,27 pesetas/kg de la época). Marzo 1793: El pan de 1.ª se vendía a 13 cuartos (aprox. 0,42 pesetas/kg) y el de 2.ª a 11 cuartos (aprox. 0,35 pesetas/kg). Abril 1793: Se provee trigo a panaderos a 60 reales la fanega (aprox. 36 pesetas/quintal métrico) para intentar controlar el precio. Mayo 1793: El pan de dos libras se fijó en 14 cuartos (aprox. 0,45 pesetas/kg).
Los precios del pan aumentaron drásticamente, marcando una crisis constante entre 1793 y 1798. Los ayuntamientos establecían tasas y obligaban a los panaderos a producir ciertas cantidades de pan por fanega de trigo, por ejemplo, 46-48 panes por fanega.
(Continuará)
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