Yunyerro (Cornejo de Sotoscueva).
Jaime Pereda nos narró la leyenda de «Don Yerros, que dice así: «Tras la batalla de Abderramán II en Sotoscueva, en el 876, parte del ejército moro quedó atrapado entre San Bernabé y La Gándara (Molino Rodiles). Este fue el motivo de que en nuestras tierras se produjeran abundantes correrías y ataques a los cristianos. Un buen día se llegó a un acuerdo, que consistía en un desafío entre un representante de cada bando, para evitar el continuo derramamiento de sangre.
En el poblado cristiano de Yunyerro había un cristiano forzudo y valiente... que salió varias veces a desafiar a los moros. La estampa de este valeroso cristiano llegó a atemorizar al ejército moro, no aceptando el reto por miedo.
Para provocar al moro idearon una estratagema: untaron a D. Yerro de pez para simular ser moro, y éste salió a desafiar a los Hijos de la Media Luna, que al verle entraron en cólera por creer que se trataba de un moro renegado. Juraron vengarle por Ala y su religión entrando así en combate.
Durante el combate, al ver el moro la espada del cristiano disfrazado, pidió pelear desarmados. En la pelea el moro quedó pegado a la pez del cristiano, cayendo ambos rodando ladera abajo, hasta llegar a una explanada, en donde había una gran losa en la que el cristiano dio muerte y sepultura al infiel. Desde entonces esta explanada recibe el nombre de «Era del Moros.
Pasó el tiempo y el poblado de Yunyerro fue arrasado por una riada. Parte de la población se trasladó a la Granja de Rebollar y otra parte a Cornejo de Sotoscueva. En el poblado de Yunyerro únicamente quedaron D. Yerro y su mujer. Este, apenado por la soledad y la ingratitud de los cristianos murió, dejando a su esposa sola y desamparada
Por caridad, esta buena mujer fue recogida entre los pueblos de Quisicedo, Quin-tanilla del Rebollar y Cornejo de Sotoscueva, de forma rotativa. Estando en esta última población negase a partir a los otros pueblos, alegando que en Quisicedo le daban nabos, en Quintanilla, alubias, y en Cornejo, pan, garbanzos y cocido. Estando en el final de sus días testó, dejando las concesiones de su difunto marido (los terrenos del poblado Yunyerro) al pueblo de Cornejo.



